Arquitectura hospitalaria: configuración de la unidad habitacional como instrumento terapéutico frente a las necesidades físicas y psíquicas del paciente pediátrico

En curso

D Tapiero Azulay, Marilda
PC hospital, unidad habitacional

 

La presente propuesta de tesis doctoral parte de la hipótesis de que la arquitectura puede y debe actuar como instrumento terapéutico; la tesis se orienta a servir de soporte frente a la configuración arquitectónica del hospital como medio propicio para tratar al individuo.
El desarrollo tecnológico ha posibilitado el avance de conocimientos y medios que facilitan el diagnóstico, tratamiento y prevención de los pacientes, sin embargo el ambiente hospitalario debería concebirse como cimiento característico de todos aquellos aspectos inherentes a las necesidades relacionadas con el confort del usuario del centro, en este caso pacientes, familias, acompañantes, visitantes y personal médico y paramédico, en búsqueda del máximo beneficio terapéutico para el enfermo y evasión de las enfermedades nosocomiales. Cualidades ambientales definidas por medio de, entre otros, formas, colores, olores, sonidos, materiales, iluminación, temperatura, radiación, o las relaciones con la naturaleza, tienen una importante influencia en los individuos, pero también la tienen los tiempos, encuentros, recorridos, relación entre espacios específicos, accesos, señalizaciones, aperturas y niveles. A este respecto, el psicólogo Kurt Lewin (1890-1947) fue uno de los primeros en dar importancia a la relación entre los seres humanos y el medio ambiente; su objetivo era determinar la influencia que el medio ambiente tiene sobre las personas, las relaciones que establecen con él, la forma en que las personas actúan, reaccionan y se organizan con el medio ambiente. De la misma manera, Berthold Lubetkind, nos mostró la influencia de los aspectos didácticos y de prevención planteados en el Centro Médico de Finsbury, construido en 1938, sobre el usuario del mismo; entre sus creencias: “nada es demasiado bueno para la gente”, persiguió, tanto que los pacientes se sintieran acogidos en el centro, como que el centro favoreciera diversas funciones sociales, buscando que el usuario se sintiera relajado en un ambiente que él llamaba amable. El edificio también fue diseñado con el propósito de conferirle la capacidad de adaptarse a los futuros y diversos avances médicos y clínicos previsibles en aquella época, de acaecer en el tiempo.
Como lo fue el Hospital de Venecia de Le Corbusier, quien, en su carta de aceptación del encargo, escribiría “He decidido atender a su problema: el nuevo Hospital de Venecia. Un hospital es una Casa del Hombre, como la vivienda es también una “casa del hombre”. La clave es siempre el hombre”. Respecto a la memoria del proyecto de 1964, Le Corbusier comienza refiriéndose al estado de la medicina contemporánea, exponiendo que una estancia confortable para el paciente supone una mejor y más rápida curación que a su vez, supone un ahorro económico; supuesto que supone también una organización médica basada en la prevención y rehabilitación.
Por otro lado, el hospital pediátrico como centro especializado en el diagnóstico y tratamiento del niño, debe tratar diversos factores específicos, tanto médicos como aquellos referidos a las diferentes etapas del desarrollo infantil (que deberemos abarcar hasta los 16-18 años, ver Asociación Pediátrica Española y “Nota de la AEP sobre la ampliación de la edad pediátrica”) y a “la relación del niño con el mundo que lo rodea” (Cifuentes 2008, p.9), no olvidando que éste necesariamente está acompañado por quienes también participan y requieren de ¿los requisitos básicos para curar¿ a que se refería Alvar Aalto (1959). A este respecto, Moix (1999), se refiere a las preocupaciones por la hospitalización y la intervención en pacientes pediátricos y sus variaciones con la edad.