La permanencia del recinto en la arquitectura

Tesis leída

D Jordá Such, Carmen
PC recinto, arquitectura

 

El tema de esta tesis es demostrar la importancia del espacio no cubierto, de la vinculación del espacio acotado en la conformación de la arquitectura y de la permanencia del recinto como operador abstracto, por ser un componente esencial en sí mismo ,como lo es el espacio y la tectónica en la esencia de la creación arquitectónica.
El recinto ha sido el gran ausente de la teoría arquitectónica, pese a que ha permanecido como herencia en los restos arqueológicos que en su momento lo adoptaron.
Cuando la arquitectura es capaz de ser sutilmente sensible al entorno, con una actitud de interacción con ella, la arquitectura crece gradualmente desde una estructura conceptual concebida como un esfuerzo por entender el significado del lugar, generando una doble relación, el producido mediante la disposición de los límites entre el mundo geométrico y el natural, y el que organiza el nivel de relación y superposición entre los dos mundos. La búsqueda de la claridad racional de los límites por un lado, y de la ambigüedad de los mismos, sugieren la existencia de un operador arquitectónico que sintetiza multiplicidad de relaciones y disposiciones en un único sistema. Introduciendo la noción de límites en la arquitectura, límites que bien pueden ser dominadores y predominantes como ambiguos, difusos, contextuales, sensitivos o atmosféricos. Estos límites pueden generarse y mantenerse intactos o crecer gradualmente hasta cambiar hacia un nivel de relación totalmente distinto. Obviamente este operador arquitectónico tan habitual en el mundo natural surge simultáneamente en lugares distantes y desde diferentes puntos de partida, debido a que su relación con el entorno puede ser autoritaria o sutilmente sensible y por tanto su actitud puede estribar desde la dominación del territorio a la simple diferenciación.
Estos límites se han marcado mediante tres simples elementos, la explanación del medio generando un plano horizontal que niega deliberadamente la irregularidad de las condiciones topográficas existentes en el entorno pero permite la contemplación del mismo, siendo la pavimentación la que contribuye aún más a esta diferenciación con el medio natural que le rodea ya que genera en sus bordes las líneas horizontales que acotan con exactitud los límites. La construcción del muro, al que podemos considerar como una pantalla cuya componente vertical es la contraparte del plano horizontal sobre el que generalmente se dispone, tiene como principal característica la opacidad del material con el que se construye, ya que define el área mediante la obstrucción de la visual más allá de si misma, área a la que protege y que define mediante la exactitud de las líneas horizontales que se generan en sus bordes inferior y superior. Esta línea horizontal elevada generada por el muro es tan definitoria del espacio como la inferior situada a nivel del suelo, el dintel, ese muro elevado sobre columnas generará por lo tanto una línea horizontal elevada tan importante en la definición del espacio como la generada a nivel de suelo por el límite del pavimento, este característico muro elevado provocará además por su deliberada disposición en las alturas una vista distante que lo convertirá en un recinto-monumento.
Como consecuencia directa de una reflexión, una condensación; hemos enlazado el recinto con su complementario monumento, ya que el primero toma carta de naturaleza mediante sus límites, sin embargo el segundo se constituye en elemento corpóreo que necesita de la configuración previa del recinto para ser convocado como referencia.
La paradoja con la que nos encontramos, es que las obras de arquitectura que han superado su contemporaneidad y permanecido o resurgido en la memoria de diversas civilizaciones, son aquellas en las que se ha llegado mediante un proceso de condensación; siendo actualmente las obras más novedosas y radicales aquellas que profundizan en la lectura de la historia.